martes, 25 de agosto de 2015

LA FORTUNA FAVORECE A LOS AUDACES

Desarrollo Personal. Mientras estaba trabajando recordé una anécdota que me sucedió hace algunos años. En aquel momento, aún era un novato en las labores de consultoría, y trabajaba en mi primer gran proyecto para una entidad pública, y estaba decidido a mostrar mi valía.

En aquel lugar, conocí a muchas personas, grandes profesionales que me apoyaron en mi trabajo y tuvieron la amabilidad de compartir sus experiencias. La mayoría tenía más de 10 años en la institución, una vasta experiencia y una gran curiosidad por aquel joven que, sin ser su jefe, les impartía indicaciones sobre cómo desarrollar y mejorar su trabajo.

Me hice amigo de una de estas personas  al que llamaré Carlos. Carlos me dijo que tenía muchos años en la entidad pero, a pesar de ser un buen profesional, no había tenido la oportunidad de progresar profesionalmente, lo cual se traducía en un salario relativamente bajo. Mi amigo tenía mucha curiosidad respecto a las labores de consultoría, los riesgos, la remuneración y lo vi muy interesado.

Un día, terminada la jornada, y mientras tomábamos un café le pregunté por qué no daba el gran salto. Su respuesta me sorprendió: tenía miedo. La entidad, si bien no le pagaba lo suficiente, le aseguraba un trabajo y un sueldo fijo, vacaciones pagadas y la promesa de una jubilación, dentro de 10 años. Si bien le gustaban las recompensas del trabajo de consultoría, se sentía seguro en las condiciones en las que trabajaba.

No es la primera vez que escucho la historia de Carlos. El miedo a lo desconocido es una respuesta humana natural. El miedo, es definido como una sensación de angustia ante un peligro real o imaginario.

Todos tenemos miedo a muchas cosas: hablar en público, a nadar, a los ascensores, los gatos, los perros, lugares cerrados, lugares llenos de gente.

El miedo, además, nos hace creer que no podemos hacer cosas nuevas como aprender a cantar, actuar, manejar un carro, viajar, estudiar una maestría, buscar un nuevo trabajo. Como Carlos, que le gustaría dedicarse a la consultoría, pero no lo hacía por qué tenía que renunciar a su trabajo y tenía miedo de no tener dinero con que mantenerse y a su familia.

El miedo a lo desconocido, limita nuestras iniciativas, nos hace creer que cualquier cosa nueva está llena de peligros, que no somos buenos para ello,  y es mejor quedarnos donde nos encontramos, en la zona conocida, que sentimos que podemos controlar. Esta zona es comúnmente conocida como zona de confort.

Pero existe un gran problema. El ser humano nunca podrá escapar de su zona de confort, porqué siempre necesita un espacio donde pueda sentir tranquilidad y seguridad. Entonces, ¿Qué puedo hacer?

El secreto es expandir nuestra zona de confort. Esta se expande con nuevas experiencias, conocimientos e iniciativas las cuales voy incorporando a mi persona al hacerlas habitualmente. Mi hermano, talentoso abogado, ha incursionado en la actuación. Si no lo veo, no lo creo.  Nunca olvidare su cara cuando me lo contó, después de su primera función, tenía una sonrisa extra large.

Cuando empecé a estudiar mi MBA, muchos pensaron que no podía lograrlo. En la Universidad era un estudiante promedio, y cuando la inicié, hace ya más de 10 años, no era algo común para un abogado, y los estudios requerían conocimientos avanzados de computación,  matemáticas y administración.  Sin embargo, nunca me rendí, no dejé que el miedo me venciera y, con mucho sacrificio, el apoyo de mi familia y amigos lo logre. Fui audaz.

Por qué para ampliar la zona de confort, además, es muy importante la audacia, nuestra voluntad de tomar  nuevas iniciativas fuera de lo común, vivir experiencias nuevas, sin miedo a los riesgos y las dificultades, dejando atrás todos los temores.

Liberarse de los miedos y ser audaces, es el primer paso para tener éxito en nuestro desarrollo personal y profesional, es decir, tener una vida plena. Siendo el paso más importante, es quizá el más difícil.

Solo les contare que tiempo después, Carlos renunció a su trabajo, le va muy  bien y a menudo nos encontramos. Seguimos siendo amigos, pero de vez en cuando competimos entre nosotros, en esta dura labor de consultoría. Y veo la misma sonrisa que una vez vi en mi hermano, extra large. 

Entonces, también sonrío y pienso: en verdad, la fortuna favorece a los audaces




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La Fortuna favorece a los audaces



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